Tahitian culture
Abrazado por el mana en

Las Islas de Tahití

crédito: Tahiti Tourisme

Cultura

Los tahitianos han heredado de sus antepasados ma’ohi una cultura expresiva y de gran riqueza. La herencia de los ma’ohi es un mundo en el que las vidas de los dioses, de los guerreros y de los hombres crean pintorescas leyendas que marcan la vida de los tahitianos. Es un lugar donde la música y la danza surgen de la magia de la vida cotidiana. Aquí es también donde nació el lanzamiento de jabalina como deporte de los dioses, donde los reyes impulsaron el surf y los hombres competían en carreras de remo y levantamiento de piedras para mostrar su fuerza.

La fascinante cultura de Tahití en cifras

118
ISLAS ABRAZADAS POR EL MANÁ
16 DÍAS
DE ESPECTÁCULOS DE DANZAS Y CANCIONES TRADICIONALES (HEIVA)
192 KM
DE LA REGATA DE PIRAGUAS HAWAIKI NUI
+ DE 10
PELÍCULAS EN COMPETICIÓN EN EL FIFO

Credito : Tahiti Tourisme

Mana

Fuerza poder, influencia, supremacía, grandeza, soberanía, omnipotencia, prestigio, control, genio, autoridad, superioridad, nobleza, estatura, presencia, elegancia, belleza… Y la lista de adjetivos no acaba aquí.

Todas estas palabras definen al mana en una situación determinada, en un contexto particular, desde un punto de vista específico. El mana es un concepto mítico, una verdad fundamental. Es a la vez tangible e intangible, expresivo e imperceptible, revelador pero enigmático, natural pero también misterioso y esotérico.

El mana vive, entra en movimiento, se levanta, ennoblece y los trasciende todo, cada ser, cada elemento en cada dimensión; pero también puede destruir, aniquilar y arruinar hasta la última vibración vital.

El mana seduce, encanta, atrae, fascina. El mana es aterrador, peligroso, letal.

Es la raíz de la dualidad entre la vida y la muerte.

En él radica la esencia del poder cósmico, del corazón del universo polinesio, de los seres que le insuflan vida, de los elementos que le dan forma, de los valores existenciales y espirituales que engendraron el polinesio/ma’ohi que magnifica este universo.

El mana es pureza (ma); surge de la vida, de la humildad, del respeto, de la dignidad, del amor, de compartir, de la belleza, de la bondad y de la paz de los seres y de las cosas que se fusionan de forma armoniosa en este universo ma’ohi.

El mana es sabiduría (na/na’a); procede del conocimiento empírico, técnico y ancestral, del sentido común nacido del vínculo inalienable entre el hombre y su entorno, de la fe en lo divino, el estado de gracia al que accede toda cosa y todo ser. La búsqueda cultural y profana del mana cósmico representa la promesa de renacer más sabio, más puro y más poderoso.

¡Sé puro, sé sabio y el mana vivirá en ti!

Credito: Tahiti Tourisme

Los tatuajes

La palabra tatau procede de , y todos sus símbolos tienen un significado que cuenta la historia personal de cada tahitiano. En cada línea dibujada sobre el cuerpo, los ma’ohi del pasado están conectados con el mana del presente y del futuro. La presencia de Tohu, dios del tatau, que representó todos los peces de los océanos con sus colores y motivos, proporciona a cada tatau la esencia de su significado y de su existencia. El tatuaje ilustra un vínculo entre el cielo y la tierra. En Polinesia, los tatuajes son asimismo símbolos de belleza y en la Antigüedad eran un elemento importante en la vida de una persona ya que marcaban el final de la adolescencia.

Orígenes mitológicos

There are a multitude of legends concerning the origins of the tatau. They all have one point in common: they are always a gift from a god to man. On the island of Tahiti, one of these legends tells how the first tatau were done on the sons of the god Ta’aroa, the supreme creator god of everything in the Polynesian firmament. The sons taught it to other men who made extensive use of it. As a result, the two sons of Ta’aroa, Matamata and Tū Ra’i Pō became the patron divinities of tattooing.

Historical Origins

Existen numerosas leyendas sobre los orígenes del tatau. Todas ellas tienen un elemento en común: son siempre el regalo de los dioses al hombre. En la isla de Tahití, una de estas leyendas cuenta cómo los primeros tatau fueron realizados en los hijos del dios Ta’aroa, el ser supremo creador de todo en el firmamento polinesio. Sus hijos enseñaron a los hombres a utilizarlo. Por ello, los dos hijos de Ta’aroa, Matamata y Tū Ra’i Pō se convirtieron en las divinidades relacionadas con el tatuaje.

Orígenes históricos

Los orígenes del tatuaje no son claros, aunque proceden a buen seguro de los comienzos de la civilización māori. El tatuaje probablemente existiera ya entre las sucesivas oleadas procedentes del sureste de Asia, instalándose primero en las islas polinesias orientales, más tarde en las occidentales, a partir del siglo II a.C.. Esta práctica parece haber existido en todas las islas que forman el Triángulo Polinésico, un área que corresponde en la actualidad a la Polinesia Francesa, Nueva Zelanda, Hawái, Samoa, la isla de Pascua y las islas Cook. El tatuaje se practicaba de forma extensa en toda la Polinesia Francesa, con excepción del sur de las Islas Australes y el este de las Islas Tuamotu. Fue en las Islas Marquesas donde el arte del tatuaje alcanzó su mayor desarrollo por la riqueza y la complejidad de sus  motivos.

Su función en la sociedad tradicional

En la sociedad polinesia preeuropea, el tatuaje representaba un importante símbolo social. Podía indicar la posición exacta de una persona en un territorio, una tribu y una familia así como su nivel en la escala social. Podía asimismo señalar la realización de importantes ritos sociales como el paso de la infancia a la pubertad o el matrimonio. Podía representar acontecimientos en la vida de la persona concernida: actos de valentía en la guerra o gestas como cazador o pescador. Y también podía tener un carácter meramente decorativo. Su uso estaba muy extendido.

“El tatuaje no era una obligación, pero no habría sido considerado aceptable para un tahitiano no llevar ningún tatuaje”, explica la antropóloga Anne Lavondes sobre el tatuaje en las islas de la Sociedad.

Diferentes tipos de tatuajes

Se pueden diferenciar tres tipos de tatuajes: los relacionados con los dioses, sacerdotes y ari’i, que tienen un carácter hereditario y por lo tanto están reservados a sus descendientes; los del tipo hui ari’i, reservados para los jefes (hombres y mujeres); y los hui to’a, hui ra’atira y ‘īato’ai, manahune para jefes de guerra, guerreros, bailarines, remeros…

Sagrado

Uno de los aspectos fundamentales del tatuaje era su carácter sagrado. Al considerarse heredado de los dioses, el tatuaje tenía un poder sobrenatural. Se creía que determinados motivos protegían a los hombres de perder su mana. También representaban el prestigio y la esencia divina responsable de la salud del hombre, su equilibrio, la fertilidad, y le protegían de las influencias negativas.

Su función en el más allá

El tatuaje también iba mucho más allá de la vida en este mundo. Al ser eterno, “esta obra inalterable grabada en su piel serviría más tarde de testimonio de sus orígenes, su rango y su heroísmo en el momento de comparecer ante sus antepasados: los dioses del mítico país de Hawaiki”, explicaba  Karl von den Steinen , un etnólogo alemán que realizó en 1897-1898 un análisis detallado de las varias formas de expresión artística de los pueblos de las Islas Marquesas, incluyendo el tatuaje.

Específico de cada archipiélago

Cada una de las diferentes poblaciones ha desarrollado sus diseños específicos y motivos particulares. En el idioma de las Marquesas, al tatuaje se le llama patu tiki, que significa “golpear imágenes”. En este archipiélago, el cuerpo podía estar enteramente cubierto de tatuajes, incluida la cara. En cambio, en las islas de Sotavento, nunca se tatuaban la cara. Por desgracia, buena parte del significado de los motivos se ha perdido con el tiempo.

Las herramientas del tatuaje tradicional

Entre las herramientas del tatuaje tradicional figuraba un pequeño peine de bordes serrados hecho con hueso, caparazón de tortuga o madreperla, fijado a una vara de madera. Los dientes del peine eran bañados en tinta hecha a base de carbón de ti’a’iri, o nuez de la india  (Aleurites Moluccana), diluida con aceite o agua. Los dientes eran colocados bajo la piel mientras el tatuador golpeaba el mango con otra vara de madera, provocando una incisión en la piel y la penetración de la tinta. Con estas herramientas tradicionales, realizar un tatuaje podía ser sumamente doloroso y requería días, semanas, meses o incluso años. Esto reforzaba la función del tatuaje como rito iniciático.

“Sacerdotes” tatuadores

Responsable de esta delicada operación, el sacerdote tatuador conocido como tahu’a tatau, en las Islas de la Sociedad, y tuhuka patu tiki en las Marquesas, era remunerado abundantemente y gozaba de gran consideración en la sociedad tradicional. Esta condición a menudo se heredaba de padres a hijos.

Las prohibiciones

Desde que se establecieron de forma duradera en las islas polinesias a finales del siglo XVIII, los misioneros, tanto católicos como protestantes, lucharon contra la práctica del tatuaje. Convertido al catolicismo en 1812 y segundo “rey” de la dinastía del mismo nombre, Pōmare  II estableció en 1819 un código de normas en el que figuraba la prohibición del tatuaje. Era descrito como una práctica que debe ser “abolida totalmente”, ya que “pertenece a las antiguas y malas costumbres”. Además, en la nueva sociedad cristianizada, dado que los polinesios debían ir vestidos, la razón de ser del tatuaje desaparecía casi por completo. En consecuencia, la gran mayoría de los motivos, así como la propia técnica del tatuaje, se perdieron totalmente.

Resurgimiento

A principios de los años ochenta, el tatau recuperó un lugar destacado en la sociedad polinesia con una reapropiación y recuperación de esta práctica profana. Claro está, su carácter sagrado y su papel de indicador social, indisociable de la sociedad tradicional, en gran medida ha desaparecido. El tatuaje se ha convertido en el símbolo de una fuerte reivindicación identitaria polinesia. A ello se añade, una dimensión estética. Numerosos jóvenes polinesios se hacen tatuar en la actualidad.

Tras realizar investigaciones para tratar de redescubrir el sentido inicial de los motivos –sentido que en muchos casos se ha perdido definitivamente- los tatuadores polinesios desarrollan hoy su arte en tres grandes direcciones: la reproducción de motivos tradicionales, la realización de motivos exclusivamente decorativos (como, por ejemplo, delfines o mantas raya) y, desde hace poco tiempo, algunos de ellos realizan motivos totalmente nuevos pero directamente inspirados de la tradición.

Reconocimiento internacional

En la actualidad, hay tatuadores en ejercicio en prácticamente todas las principales islas habitadas de la Polinesia Francesa. La reputación y la belleza de los tatau polinesios es tal que atraen a los visitantes extranjeros. Algunos tatuadores polinesios ejercen su arte en numerosas grandes ciudades del mundo, como París, Londres o Nueva York. El tatuaje polinesio ha alcanzado fama internacional por sus raíces tradicionales y su estética étnica muy en boga.

Música y danza

Cuando los misioneros llegaron a Tahití, trataron de eliminar los poderosos sonidos de la música y los  movimientos sensuales las danzas de esta tierra, que representaban una afirmación de la vida. En la danza y en los ritmos, los tahitianos dan voz a su mana,  permitiendo que surja del mar, descienda de las colinas y emane del alma de cada hombre y de cada mujer que cae preso de su hechizo. En la actualidad, la danza y la música de Tahití celebra la fuerza de la cultura polinesia para pervivir y conservar sus expresiones sagradas. En la Antigüedad, las danzas estaban relacionadas con todos los aspectos de la existencia. Se bailaba para dar la bienvenida a un visitante, para rezar, para desafiar a un enemigo o seducir a una persona.

En la actualidad, la danza sigue siendo un símbolo poderoso, especialmente acompañada de las armoniosas voces de los tahitianos, el estrépito de los tambores tradicionales y el sonido lastimero de las conchas.

Cánticos

Instrumentos tradicionales

En la actualidad, los grupos musicales utilizan instrumentos de percusión y de cuerda. Entre las percusiones figuran el  to’ere, el fa’alete, el pahu, con dos tambores y golpeado con un bastón, y el pahu tupa’i rima, con un sólo tambor y tocado con las manos. Los instrumentos de cuerda son el ukulele y la guitarra.

Otros instrumentos que habían desaparecido hace tiempo vuelven progresivamente, como el ihara, un tambor de bambú, y el vivo, una flauta nasal. Por último, se obtiene todo tipo de sonidos golpeando piedras, conchas y utilizando penu o cocos.

Otros cánticos eran profanos  y acompañaban acontecimientos de la vida cotidiana. Hay referencias sonoras de actividades en grupo como el vareo del tapa (tejido a base de corteza). En las Marquesas, los cánticos en las ceremonias religiosas a menudo sólo eran realizados por los sacerdotes acompañados por percusiones y palmadas.

Durante las fiestas, los cánticos se sumaban progresivamente al ritmo iniciado por los tambores pahu. Es en el ámbito musical donde la ruptura con el pasado es más profunda. Tal vez porque nadie se ha encargado hasta ahora de “anotarla”, o porque la influencia europea se ha impuesto muy pronto y sin violencia.

La influencia europea comenzó con los marineros aficionados a las canciones y a las músicas profanas. Prosiguió con los misioneros que trajeron sus cánticos e himnos. Los himene son en realidad una mezcla de himnos religiosos de los primeros misioneros protestantes y de los cánticos polifónicos tahitianos en boga antes de la llegada de los europeos.

Las principales formas de himene son el himene tarava, el ru’au y el ute. Los dos primeros tienen sus raíces en la liturgia protestante inglesa y en el período preeuropeo. Estas dos expresiones musicales suelen elogiar a un clan, con sus jefes, su toponimia, sus mitos y legendas, sus atributos y gestas, y proceden de textos muy poéticos. Cada isla y cada distrito tiene una forma específica de interpretarlos.

Danza

En la Polinesia preeuropea, las danzas “eran numerosas y variadas” (W. Ellis, 1831), pero toda una parte ha desaparecido de la memoria colectiva. Lo único que se sabe es que los hombres y mujeres bailaban, juntos o por separado. Algunas danzas se practicaban de pie, otras sentado. Los músicos acompañaban las danzas con un número limitado de instrumentos: fundamentalmente, el pahu (instrumento con dos tambores) y el vivo (flauta nasal).

Asociada, al igual que el tatuaje, a la desnudez, por tanto a la falta de pudor, la danza fue prohibida por los misioneros. Hubo que esperar hasta los años cincuenta del pasado siglo para que este arte ancestral recuperase su lugar en las costumbres polinesias gracias a la transmisión oral y a los escritos de los viajeros.

Tipos de danza

En la danza tahitiana actual existen cuatro grandes tipos.

  • El Otea: en su origen debía ser principalmente una danza guerrera, reservada a los hombres. Se ha convertido en la más célebre de las danzas tahitianas. Su coreografía está organizada alrededor de un tema y su música de acompañamiento, ejecutada con ayuda de percusiones, está formada por motivos rítmicos denominados pehe.
  • El Aparima: en esta danza, las manos de los bailarines miman la historia. El aparima puede ser vava (mudo) y se trata de una pantomima. Se practica generalmente de rodillas y acompañado por percusiones. O bien es cantado, aparima himene, y los gestos hacen entonces referencia a una canción que es acompañada por instrumentos de cuerda.
  • El Hivinau: durante esta coreografía, los bailarines, hombres y mujeres, danzan en círculo y un solista masculino lanza una frase repetida en coro. El grupo de músicos está formado por diversos tambores y el ritmo lo dan las palabras del solista que son coreadas.
  • El Pa’o’a: esta danza parece ser inspirarse en los gestos de la fabricación del tapa (tela fabricada a partir materias vegetales). Los bailarines están sentados en semicírculo. Un solista vocal lanza un tema al que responde el coro. Una pareja se levanta y ejecuta dentro del círculo una danza breve, subrayada por gritos de “¡hi!” y “¡ha!”.

Los otros archipiélagos han tenido una fuerte influencia de la danza tahitiana, pero han sabido preservar algunos de sus bailes: la danza del ave en las Marquesas, kapa en las Tuamotu y pe’i en las Gambier.

Credito: Tahiti Tourisme

Flores

Las flores tropicales están presentes por todas partes en las islas, especialmente en el pelo de los tahitianos. La célebre flor tiare Tahití es utilizada en coronas para dar la bienvenida a los viajeros y los familiares que regresan. Según la tradición, si uno tiene pareja, tanto las mujeres como los hombres deben lucir una flor detrás de la oreja izquierda.

Artesanía

El arte del trenzado se plasma en numerosas creaciones, como los sombreros, los bolsos, los cestos, las esteras… Las mujeres de las Australes se han convertido en maestras de esta disciplina, utilizando las fibras vegetales del pandano, del cocotero o de la caña o ā’eho.

El gusto por la observación y el amor por la naturaleza se encuentran en los magníficos tifaifai, colchas de motivos vegetales o étnicos cosidas a mano. La pasión de las mujeres por este elemento de decoración típico de los fare o casas polinesias muestra una verdadera creatividad y ha generado la organización de una exposición anual del tifaifai. La expresión artística se realiza también en el trabajo de la madera, exclusivo de los hombres.

Estos últimos esculpen siguiendo su inspiración y reproduciendo unos motivos ancestrales, gráficos o simbólicos, en maderas preciosas, tou (cordia subcordala), miro o falsa madera de rosa. Los habitantes de las Marquesas destacan en esta actividad y producen magníficas piezas, lanzas, mazas y umete, receptáculo que hoy sirve de fuente grande donde se sirve comida.

Algunos artesanos recurren en ocasiones a las piedras volcánicas, al coral, e incluso al hueso para crear multitud de objetos decorativos o utilitarios como el penu, o mortero. Por último, el resurgimiento de la perla permite destacar los matices irisados de los nácares pulidos. Sus fascinantes tonos cambiantes lo convierten en un destacado elemento de decoración para realzar los vestidos utilizados para las danzas o para fabricar joyas de tonos atornasolados.