La historia de

Las Islas de Tahití

Historia

Las Islas de Tahití tiene una historia rica y fascinante. Alrededor del 4000 a.C., una gran migración comenzó en el sureste de Asia, en la que los primeros colonos viajaron a través del vasto océano para explorar las islas del Pacífico. Tonga y Samoa fueron colonizadas a consecuencia de esta migración hacia el 1300 a.C.. Posteriormente, hacia el año 200 a.C. los tahitianos iniciaron viajes para colonizar las islas Marquesas.

Durante los siglos siguientes, las islas de Tahití fueron colonizadas y, finalmente, el resto del Pacífico Sur. Esta zona, conocida como el Triángulo Polinésico, se extiende de Hawái al norte, a la Isla de Pascua al sureste, y Nueva Zelanda al suroeste. Como resultado de estas migraciones, los tahitianos, hawaianos y maoríes de Nueva Zelanda tienen un origen común y hablan un idioma similar conocido como ma’ohi.

Algunas fechas históricas

JULIO DE 2017
EL MARAE TAPUTAPUATEA DECLARADO PATRIMONIO MUNDIAL DE LA UNESCO
1521
MAGALLANES DESCUBRE LAS ISLAS TUAMOTU
Las Islas de Tahití
LUGAR DE NACIMIENTO DE LOS BUNGALOWS SOBRE PILOTES EN 1967

Sobre la historia de Tahití

La era de la exploración por los europeos comenzó en el siglo XVI cuando comenzaron a llegar los primeros navíos. En 1521, Magallanes divisó el atolón de Pukapuka, en las actuales islas Tuamotu, y en 1595, el explorador español Mendaña visitó la isla de Fatu Hiva en las Marquesas. Más de 150 años más tarde, Samuel Wallis, capitán de la fragata inglesa HMS Dolphin, fue el primero en visitar Tahití durante su viaje para descubrir la Terra Australis Incognita, una mítica porción de tierra al sur del Ecuador que se pensaba servía para equilibrar el hemisferio norte. Wallis bautizó Tahití como la “Isla del rey Jorge III” y la reivindicó en nombre de Inglaterra. Poco después, desconociendo la llegada de Wallis, el navegante francés Louis-Antoine de Bougainville atracó en el lado opuesto de Tahití y reivindicó la isla en nombre del rey de Francia.

La fascinación de los europeos por las islas aumentó al conocerse el motín de la tripulación del capitán William Bligh a bordo del HMS Bounty y las historias sobre la belleza y elegancia del pueblo tahitiano. La fascinación con Tahití y el Pacífico Sur siguió incrementándose con las ilustraciones de la flora y de la fauna locales y el primer mapa de las islas del Pacífico que el capitán James Cook trajo consigo. En el siglo XIX, la llegada de balleneros, misioneros británicos y de expediciones militares francesas cambiaron para siempre el estilo de vida de Tahití y provocaron asimismo una rivalidad entre franceses y británicos para controlar las islas.

La dinastía de los Pomare dirigió Tahití hasta 1880, cuando el rey Pomare V fue convencido de ceder Tahití y la mayoría de sus posesiones a Francia. En 1958, la totalidad de Las Islas de Tahití se convirtió en un territorio francés de ultramar bautizado como Polinesia Francesa. En 2004, la Polinesia Francesa pasó a ser parte integrante de la República Francesa con poderes de autogobierno y la misión de orientar las políticas comerciales y las inversiones al servicio de los polinesios.

  • La cultura polinesia está profundamente enraizada en los orígenes míticos de los grandes navegantes que se establecieron en las islas hace 3.000 años.

    La cultura polinesia está profundamente enraizada en los orígenes míticos de los grandes navegantes que se establecieron en las islas hace 3.000 años.

     

    Nuestra cultura se ha transmitido de generación en generación a través de la palabra sagrada. La tradición oral ha permitido la pervivencia de nuestra cultura a través de los siglos. En ocasiones, nuestra historias parecía estar a punto de desaparecer, para resurgir en el último momento con fuerzas renovadas. Esta tradición con siglos de antigüedad, es evocada por los cantantes actuales a través de magníficas canciones, sagradas o seculares, cuyo eco se pierde en el constante murmullo del océano sobre el arrecife de coral. Es en esta tradición en la que los bailarines se inspiran para sus coreografías extravagantes. Esta tradición también inspira a los aficionados al va’a (la piragua tradicional) en el océano y las lagunas.

    De la tradición procede el arte de la percusión del gran tambor de sonido grave pahu y el ruidoso to’ere, el arte de los maravillosos y complejos tatuajes, así como la escultura de madera de las Marquesas. Descendientes del gran tiki, las estatuas de piedra siguen alzándose orgullosas en la piedra volcánica de los marae, en el lecho de los valles secretos.

    En las generosas islas Polinesias, todos los talentos convergen con un esplendor natural para convertir la artesanía en una forma de arte.

  • Orgullosos de sus islas, los polinesios están encantados de compartir su alegría de vivir natural con sus invitados. Es una alegría que se expresa a través de la danza y la música bajo todas sus formas, desde los cantos polifónicos en grupo a la música religiosa, pasando por el ritmo de las percusiones de instrumentos tradicionales, como el pahu y el toere, o también mediante la armonías de las guitarras y del ukulele de los grupos locales. Una alegría que los polinesios expresan asimismo a través de sus actividades de ocio favoritas, como la pesca, el surf y la navegación en las piraguas tradicionales, o a través del va’a, el deporte emblemático de estos archipiélagos.

    Testimonios del pasado

    La belleza de Las Islas de Tahití y de sus gentes han cautivado desde hace tiempo a los visitantes.

    Bougainville (1768): “El carácter de la nación nos ha parecido ser dulce y benévolo. No parece que haya en la isla ninguna guerra civil, ningún odio particular, aunque el país esté dividido en pequeños cantones que tienen cada uno su señor independiente. Queda demostrado que los tahitianos practican entre ellos una buena fe de la que no tienen ninguna duda. Día y noche, las casas permanecen abiertas, sea o no la suya. Cada cual recoge los frutos del primer árbol que encuentra, los toma en la casa en la que entra. Parecería que, para las cosas absolutamente necesarias de la vida, no existiera propiedad y que todo fuera común”.

    James Morrison, segundo contramaestre del “Bounty” (1789): “Las jóvenes mujeres llevan el pelo largo, que cae ondulado hasta la cintura y está decorado con las flores blancas (hinano) del fara (pandano), así como flores perfumadas. También realizan collares con los granos del fara y con flores bellamente dispuestas, lo que no sólo es muy favorecedor, sino que forma un ramo perfumado para ellas mismas, así como para todos los que están sentados cerca de ellas. En conjunto, son las mujeres más bellas que hayamos visto por estos mares…”

  • Cuna de la civilización ma’ohi, que se extiende en el Triángulo Polinesio, las islas Marquesas han conservado un número impresionante de costumbres y tradiciones muy vivas. Los tiki, estatuas de piedra y los me’ae y paepae, lugares religiosos y sagrados formados por piedras erguidas que forman estructuras piramidales, pueden verse en todas las islas.

    El renacimiento del arte tradicional se ve en el desarrollo del tatuaje, la primera expresión ancestral de los valores políticos, sociales y religiosos. En la actualidad, se utiliza como decoración para el cuerpo, con una estética y unos motivos que reflejan su significado original.

    También se encuentra en la expresión renovada de la danza y en los cantos polifónicos como el tarava, el ute o el ru’au que son una muestra profunda del alma del pueblo polinesio.

    Este intenso movimiento cultural se expresa plenamente a través de numerosas manifestaciones festivas, la más importante de las cuales es el grandioso festival de Heiva i Tahiti en julio, en el que grupos de cantantes, bailarines, músicos y actores – hasta 150 en total-  compiten en diversos concursos de música, danza y vestidos. La poesía ofrece su mejor exponente en el arte de la oratorio, conocido como ‘orero, con sus espectaculares declamaciones. Se trata de una antigua tradición oral que a menudo está acompañada por el sonido puro del vivo, una flauta nasal.

  • El bungalow sobre pilotes es la encarnación del romanticismo. Fue inventado en Las Islas de Tahití en 1967 y se ha convertido en la quintaesencia del paraíso del Pacífico Sur. Una estancia en un bungalow sobre pilotes es una experiencia de esas que “uno no puede perderse”. En un bungalow sobre pilotes tienes acceso directo a las célebres lagunas azules de Tahití desde un muelle privado, junto con todas las comodidades y servicios de un hotel de primera categoría. El bungalow sobre pilotes representa el ejemplo definitivo de estancia exótica.

    El bungalow sobre pilotes fue concebido y construido por tres propietarios de hotel estadounidenses conocidos como los “The Bali Hai Boys.” Se inspiraron de las chozas polinesias tradicionales que instalaron sobre unos soportes de hormigón en la laguna. En la actualidad, la mayoría de los resorts de Las Islas de Tahití ofrecen bungalows de lujo, suites y mansiones sobre unas aguas paradisíacas.

  • A lo largo de la historia de Las Islas de Tahití, numerosos escritores, cantantes, artistas, poetas y navegantes se han instalado aquí. Algunos incluso eligieron Tahití como su última morada.

    Estos hombres y mujeres son parte del patrimonio histórico de Polinesia y muchos han dejado huellas y testimonios de su vida en las islas. Quedaron fascinados por el encanto, la hospitalidad y el estilo de vida polinesio. Cada uno a su manera, ayudó a dar a conocer a nuestras islas en todo el mundo.

    • Herman Melville (1819-1891), aventurero y escritor estadounidense, es el primero en haber utilizado los mares del Sur como marco de un relato literario (“Taipi”, 1846 y “Omoo”, 1847). En 1841 pasó algunos meses en Tahití, adonde llegó a bordo de un ballenero australiano y se alojó en Moorea.
    • Paul Gauguin (1848-1903), pintor francés, residió en Tahití a partir de 1891 y, los dos últimos años de su vida, en las Marquesas, en Hiva Oa. Vivió numerosos sinsabores en Tahití, tratando de huir de la civilización. No siempre fue apreciado por los polinesios y en particular por los habitantes de las Marquesas. Sin embargo, es uno de los pintores más influyentes de su siglo. Su tumba está situada en el cementerio de Atuona, Hiva Oa. El Museo Paul Gauguin de Papeete (Tahití) y el Centro Cultural Paul Gauguin en Hiva Oa permiten conocer la vida de este inconformista, así como las reproducciones de algunas de sus obras.
    • Pierre Loti (1850-1923), oficial de marina francés y escritor, realizó en 1879 una obra autobiográfica sobre nuestras islasRarahu, el matrimonio de Loti”. Es posible bañarse en el Baño Loti, junto a una estatua del autor erigida en  1931 (incluir direcciones aquí).
    • Robert Louis Stevenson (1850-1894), escritor escocés, visitó nuestras islas a bordo de su yate Cosco durante un viaje por el Pacífico a partir de 1888. Escribió En los Mares del Sur en 1891.
    • James Norman Hall (1887-1951), escritor estadounidense que publicó con su compatriota Charles Nordhoff, “Rebelión a bordo” y “Huracán” (posteriormente adaptadas al cine), vivió en Tahití a partir de los años veinte del siglo pasado. Falleció allí en 1951 y está enterrado en Arue, junto a su casa, con su esposa polinesia Lala, muerta en 1985. Se puede visitar la casa en la que vivió, transformada en museo y declarada monumento histórico: la Casa de James Norman Hall en Arue.
    • Rupert Brooke (1887-1915), poeta inglés que, tras un paso por Tahití escribió el célebre poema “Manea” en 1914. Este texto clásico ha contribuido a situar a Tahití en la literatura contemporánea anglosajona.
    • Alain Gerbault (1893-1941), aviador, héroe de la I Guerra Mundial, campeón de tenis y navegante en solitario (primer francés en realizar una vuelta al mundo en velero), vivió seis meses en Bora Bora en 1932. Regresó en 1940. Ferviente defensor de Polinesia, escribió ocho libros contra el colonialismo y sobre la destrucción del paraíso. Murió de malaria en 1941 en Dili (Timor Oriental). Su ataúd fue trasladado en 1947 a Bora Bora, a la plaza de Vaitape, donde en 1951 fue colocada una placa conmemorativa.
    • Marlon Brando (1924-2004), actor y director estadounidense, compró el atolón de Tetiaroa tras el rodaje de “Motín a bordo” (1961). Se casó con la protagonista de la película, la tahitiana Tarita Teriipaia , con quien permaneció unido durante 10 años, hasta 1972.
    • Bernard Moitessier (1925-1994), navegante y escritor francés, vivió una docena de años entre Tahití y las Tuamotu. En 1971, se estableció en el atolón de Ahe donde, junto con su mujer y su hijo, se dedicó a la agricultura biológica. También denunció con vehemencia los ensayos nucleares realizados en el Pacífico.
    • Jacques Brel (1929-1978), cantante, compositor y actor belga, se retiró en las Marquesas, a bordo de su velero Askoy, junto con su compañera, tras una carrera llena de éxitos. Enfermo de cáncer de pulmón, vivió en Hiva Oa los tres últimos años de su vida. Con su avión privado Jojo realizaba numerosos servicios para la población. Está enterrado en el cementerio de Atuona. El pequeño centro cultural Jacques Brel de Hiva Oa muestra la vida del cantante en las Marquesas. La canción “Les Marquises” describe el estilo de vida agradable y la fuerza de los habitantes de la Tierra de los Hombres.
    • Joe Dassin (1938-1980), cantante y compositor franco-estadounidense, fallecido en Tahití. Vivió en Taha’a donde había comprado una magnífica propiedad en una playa, entre la punta Toretorea y Tiamahana (accesible únicamente en barco o a pie). Una placa en el restaurante-bar “le Retro” en Papeete recuerda su muerte que se produjo el 20 de agosto de 1980 debido a una crisis cardíaca.
    • Alain Colas (1943-1978), navegante francés, fue el primero en dar la vuelta al mundo en solitario en un multicasco. En 1978 desapareció durante la Ruta del Ron tras haber pasado las Azores. Vivió en Tahití a partir de los años setenta donde conoció a una polinesia, Teura Krause, con quien tuvo tres hijos.
    • Bobby Holcomb (1947-1991), poeta, cantante, músico, bailarín y pintor, vivió en Huahine a partir de 1976. Falleció allí 14 años más tarde. Implicado en el movimiento identitario de la renovación cultural ma’ohi junto con otras personalidades y artistas (Henri Hiro, John Mairai…), es uno de los artistas más conocidos de Las Islas de Tahití. Su tumba se encuentra al pie de la montaña sagrada Mou’a Tapu, en Huahine.
  • Los decorados naturales han inspirado a grandes directores y productores. Los largometrajes rodados en la Polinesia Francesa son en su mayoría adaptaciones de libros publicados originalmente en inglés.

    Estas son algunas de las películas más conocidas rodadas en nuestras islas. Los cinéfilos podrán localizar los lugares de rodaje durante su viaje a Las Islas de Tahití.

    • “A Ballad of the South Seas” (“Paseo por los mares del Sur”) rodada en 1912 en Papara por el hermano de Georges Méliès. Por desgracia, esta obra hoy es casi ilocalizable.
    • “White Shadows in the South Seas” (“Sombras blancas en los Mares del Sur”), estrenada en 1927 y filmada en las islas Marquesas. Considerada una cumbre del cine exótico, esta película de Robert Flaherty y Woody S. Van Dyke (autor, entre otros, de “Trader Horne”, “Eskimo”, los primeros “Tarzán”, “San Francisco”, etc.) es una obra muda muy poética. Admirada en su tiempo por artistas del movimiento surrealista, denuncia la colonización de las islas polinesias, evocadas como un paraíso perdido.
    • “Tapu / Tabu / A Story of the South Seas”, en 1929, película muda del célebre Murnau, a partir de una idea de Robert Flaherty, rodada en Bora Bora sobre la vida cotidiana en las islas. Algunas escenas que mostraban a nadadores desnudos fueron censuradas en Estados Unidos y en Finlandia. El rodaje, que duró 18 meses, fue complicado y sigue rodeado de leyendas (personas ahogadas, intoxicaciones, explosiones misteriosas debidas a supuestas maldiciones). Murnau y su equipo habrían violado un determinado número de tabúes locales al establecer su cuartel general en un antiguo cementerio y al rodar en unos arrecifes sagrados. Colmo del destino, Murnau falleció en un accidente de coche ocho días antes del estreno de la película en Nueva York.
    • Rodada en 1935, “Last of the Pagans” (“El último pagano”) de Richard Thorpe, antiguo actor convertido en realizador, está basada en la novela “Typee” de Melville y fue producida por la Metro Goldwyn Mayer. La historia narra dos matanzas: la primera a cargo de un clan de una isla vecina que viene a buscar mujeres por la fuerza para renovar su “harén” y otra a cargo de los blancos para reclutar trabajadores para las minas de fosfato. Hay que señalar que los diálogos son en tahitiano con subtítulos.
    • “Rebelión a bordo”. Una primera versión de Hollywood fue rodada en 1935 por Franck Lloyd con Clark Gable: la obra se tomaba muchas libertadas respecto a la realidad. La más conocida, la de 1962, rodada en 1960/1961 con más de 2.000 figurantes -sobre una población activa de 8.000 personas- y 27 millones de dólares de presupuesto, fue un maná para la economía polinesia. Tras el rodaje, Marlon Brando compró el atolón de Tetiaroa. En 1984, fue estrenada una versión de menor envergadura, filmada en Moorea, con Mel Gibson y Anthony Hopkins, dirigida por Roger Donaldson. Aunque el Bounty no fue más que uno de los numerosos barcos que viajaron al Pacífico Sur en el siglo XVIII, el motín ayudó a convertir Otaheite (o Tahití, como se la conoce hoy) en el paraíso más célebre del mundo. El drama y la belleza de las islas y de sus gentes aparecieron en el libro de 1932 “El motín del Bounty” y en las adaptaciones al cine realizadas en 1933, 1935 (Oscar a la Mejor Película), 1962 (nominada a la Mejor Película) y 1984.
    • “Tahiti ou la joie de vivre” (“Tahití o la alegría de vivir”), una comedia de 1957 de Bernard Broderie con Georges de Caunes. Un periodista es enviado a Tahití para encontrar el paraíso terrestre.
    • “L’ambitieuse” (“La ambiciosa”), de 1961, dirigida por Yves Allégret. La película narra las peripecias de una pareja que se instala en Polinesia para tratar de hacer fortuna en el fosfato.
    • “Tiara Tahiti”, 1962, es una película británica de Ted Kotcheff. Un aventurero que vive en Tahití encuentra por casualidad a su antiguo coronel que, durante la guerra, lo hizo juzgar en consejo de guerra. Para vengarse, decide hacer la vida imposible a su perseguidor, que se ha reconvertido en el turismo.
    • “Tendre voyou” (“Dulce gamberro”), 1966, de Jean Becker, con Jean-Paul Belmondo, cuenta las vicisitudes de un gigoló.
    • “Hurricane” (1979), inspirada en la novela de James Norman Hall y Charles Nordhoff, rodada en Bora Bora por Jan Troell y producida por Dino de Laurentis, es una nueva versión de la película de John Ford del mismo título (1937).
    • “Le bourreau des cœurs” (“El verdugo de los corazones”), 1983, dirigida por Christian Gion, rodada en Tetiaroa y protagonizada por Aldo Maccione. La obra obtuvo un gran éxito de taquilla en Francia (más de 1,6 millón de entradas).
    • “Les faussaires” (“Los falsificadores”), 1994, adaptación de la novela de Romain Gary “La tête coupable” (“La cabeza culpable”). Dirigida por Frédéric Blum, tiene como protagonista a un escritor que acude a Tahití para escribir una biografía de Paul Gauguin.
    • “Love affair” (“Un asunto de amor”), 1994, de los estudios Gaumont, una película romántica, nueva versión de la obra del mismo título de 1939. Filmada en Tahití con Katharine Hepburn en su última aparición en el cine.
    • “Les Perles du Pacifique” (1999) es una serie de televisión de 13 episodios producida por Gaumont sobre la vida en una granja perlífera.
    • “Le Prince du Pacifique” (“El príncipe del Pacífico”), de Alain Corneau, rodada en 2000 en Huahine y protagonizada por Thierry Lhermitte y Patrick Timsit.
    • “South Pacific”, 2001, una comedia musical dirigida por Richard Pierce, con Harry Connick Jr. y Glenn Close.
    • “Couples’ Retreat” (“Todo incluido”) de los estudios Universal, rodada en Bora Bora en octubre de 2008. Con un presupuesto de 7 millones de dólares que fueron invertidos localmente, fue considerada la superproducción del año de Universal. Alrededor de 50 periodistas fueron invitados por la producción para visitar los lugares de rodaje.
    • “L’ordre et la morale” (“El orden y la moral”), de Matthieu Kassowitz, fue rodada en 2010 en Anaa, una pequeña isla de las Tuamotu elegida como marco para los acontecimientos de Ouvea (Nueva Caledonia) y en Papeete para las escenas que se desarrollan en Nouméa.

    Otros programas de televisión y documentales

    Cada año, las islas son elegidas como lugar para rodar diversos documentales, reality shows, programas sobre cocina y anuncios para las marcas más importantes. El surf en las olas de Teahupo’o así como algunos spots secretos en los archipiélagos más lejanos es obviamente uno de los temas preferidos para un documental. Lo mismo puede decirse de nuestros tiburones y ballenas (que visitan nuestras aguas de julio a noviembre). La serie de televisión estadounidense “Survivor”, rodada en 2002 en las Marquesas (Nuku Hiva), contribuyó a dar a conocer el archipiélago en Norteamérica .

    El Instituto de la Comunicación Audiovisual (ICA) es la memoria audiovisual de Las Islas de Tahití.

    Desde hace 10 años, el Festival Internacional del Cine Documental Oceánico presenta los mejores documentales sobre la región. El FIFO se celebra en febrero en la Casa de la Cultura.

  • La teoría ahora generalmente admitida sitúa en el Sureste Asiático el origen de las grandes migraciones que hace tres o cuatro mil años provocaron el poblamiento del Pacífico por las poblaciones polinesias.

    Utilizando unas piraguas dobles de vela, construidas en madera y fibras trenzadas, estos primeros navegantes intrépidos, gracias a su conocimientos de los vientos, de las corrientes y de las estrellas, viajaron hacia el este, colonizando las islas del centro del Pacífico (Islas Cook, Las Islas de Tahití…) entre el 500 a.C. y el 500 d.C..

    Estas grandes expediciones, que terminaron alrededor del 1000 d.C., dieron nacimiento al Triángulo Polinesio, formado por Hawái (al norte) la isla de Pascua (al este), Tahití (al oeste) y Nueva Zelanda (al suroeste). Los diferentes idiomas hablados en estas islas, procedentes del idioma ma’ohi, demuestran el origen común de sus habitantes.

     

    Piraguas

    A bordo de unas enormes piraguas con doble batanga denominadas tipairua, los polinesios navegaron por el ancho océano siguiendo las estrellas, los vientos y las corrientes y en su periplo crearon nuevas civilizaciones. En la actualidad, la piragua sigue desempeñando una función importante en la vida cotidiana de Tahití y es celebrada en competiciones y fiestas llenas de colorido. Siglos antes de que los europeos concluyeran que la Tierra es redonda, los polinesios dominaban la enorme extensión azul del Pacífico.

    Hawaiki Nui Va’a es la mayor y más extensa competición internacional en mar abierto de piraguas y cubre 124,5 km de gran dureza. La regata se realiza en tres etapas: la primera va de Huahine a Raiatea, la segunda de Raiatea a Taha’a y la última de Taha’a a Bora Bora. La salida y la llegada son motivo de la organización de una gran fiesta con comida y música tahitiana.

  • En el siglo XVI, Magallanes y posteriormente Mendaña arribaron respectivamente al archipiélago de las Tuamotu y a las Marquesas. Sin embargo, el recuerdo del descubrimiento europeo de Tahití sigue vinculado al inglés Samuel Wallis, en 1767. El año siguiente, el francés Louis-Antoine de Bougainville bautizó esta isla como “Nueva Citera”, la isla de los placeres de los mares del Sur. Las Islas de Tahití estaban divididas en varias jefaturas y reinos, y la religión polinesia rendía culto a un panteón de múltiples divinidades. Poco a poco, los misioneros protestantes y católicos evangelizaron las islas, mientras que hacia 1797, con la ayuda de los europeos, los jefes lograron afirmar su supremacía y establecieron la “dinastía de los Pomare”.

    En el siglo XIX, Las Islas de Tahití fueron el teatro de una rivalidad franco-inglesa, a la vez religiosa, comercial y estratégica. En 1842, el protectorado francés fue finalmente firmado con la reina Pomare IV (sobre Tahití y Moorea) y en 1880 Pomare V, último rey de Tahití, aceptó la anexión.

    Los años sesenta del pasado siglo marcaron un cambio para Las Islas de Tahití que rápidamente se encontraron propulsados en la modernidad. Con la implantación del CEP (Centro de Experimentación del Pacífico) en 1963, se produjo una afluencia de  habitantes de las islas hacia Tahití, trayendo consigo un rápido desarrollo de la economía local

    Cronología histórica de Las Islas de Tahití

    • Del 3.000 al 4.000 a.C.: las oleadas de colonos procedentes del Sureste de Asia llegan al Pacífico Sur.
    • Siglos III-VI: primeros asentamientos humanos en las Marquesas.
    • De 850 a 1000: colonización de las islas Sotavento, Hawái, las Islas Cook, la Isla de Pascua y Nueva Zelanda a partir de las Marquesas.
    • 1521: Magallanes descubre una parte Tuamotu.
    • 1595: Álvaro de Mendaña descubre las Marquesas.
    • 1767: Wallis llega a Tahití.
    • 1768: Bougainville bautiza la isla de Tahití como “Nueva Citera”.
    • 1774: Cook lleva a Europa a un tahitiano, Pa’i.
    • 1773: segundo viaje de Cook a Tahití.
    • 1777: último viaje de Cook a Polinesia.
    • 1788-1791: motín del Bounty.
    • 1793: comienzo de la dinastía de los Pomare.
    • 1797: llegada de los primeros misioneros de la London Missionary Society.
    • 1797: creación de la dinastía Pomare.
    • 1815: los jefes polinesios son derrotados en la batalla de Fei Pi. Pomare II se convierte al cristianismo.
    • 1819: Pomare II crea el Código Pomare.
    • 1836: los protestantes ingleses logran expulsar a los misioneros franceses.
    • 1841: Du Petit-Thouars proclama el protectorado francés de Tahití.
    • 1844-1847: guerra franco-tahitiana.
    • 1847: Pomare IV acepta el protectorado francés.
    • 1914-1918/1939-1945: numerosos habitantes de las islas parten para ayudar a las tropas francesas.
    • 1958: los EFO (Establecimientos Franceses de Oceanía) se convierten en la Polinesia Francesa.